La Feria
Cuento corto.
Bajé por la colina, a través de la hierba iluminada por una luna completa. Caminé mientras escuchaba el barullo en cresendo de la feria: a cada paso más próxima.
El terreno estaba rodeado por una malla ciclónica y la gente miraba los juegos mecánicos desde afuera.
En la entrada, las personas esperaban, pues no todas podían entrar; no con el boleto estándar. Tenían que tener el boleto especial, un boleto de entrada como el mío. Mostré mi boleto al empleado de gafete gris y trepé al carrusel. Al poco tiempo realicé la misma operación en la rueda de la fortuna y más tarde la gente del gafete verde me acompañó en esas atracciones en las que uno no puede divertirse sin compañía: el salón de baile, el sube y baja, las tazas …
Las personas de los gafetes habían entrado antes que yo, algunos después que yo, y fueron distribuyéndose por el lugar: Unos, compraban algodón de azúcar; otros, disparaban dardos en un puesto, y después comprarían algún hot dog con el vendedor en el carrito.Hubo una riña entre dos que tomaron un par de rones, y el guardia del gafete azul entró a la escena a imponer el orden, volteó y guiño hacia mí, dándome la certeza de que él era mi cómplice.
Algunos animales deambulaban entre los locales: un par de perros, un gato que brincaba de techo en techo y hasta una lechuza, ellos, al igual que todo el personal. Tenían gafete y una misión que cumplir: Ambientar y hacer una fiesta de mi paseo. El precio de mi boleto especial era así superado con creces por la calidad del escenario montado solo para mí. Al salir miré y sonreí a esos individuos que formados en largas filas compraban o acariciaban ya sus boletos especiales, anhelando su entrada a la feria ¡Qué codicia!
Frase favorita: "Yo sólo sé que no sé nada."
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